lunes, 10 de diciembre de 2012

¿Quieres vivir en un mundo sin creatividad?

En el suplemento XL Semanal de este domingo he encontrado un reportaje muy interesante sobre el potencial oculto de nuestra creatividad que resaltaba entre otros el ejemplo de como Steve Jobs dio con la idea del ipod tras ver un jukebox y pensar cual sería la mejor manera de meterlo en un bolsillo. Según el mismo, este célebre empresario creía que las mejores ideas surgían en el cuarto de baño y charlando en una cafetería. Por eso una de sus preocupaciones cuando abandonó Apple y fundó Pixar fue que los empleados compartiesen los momentos de mayor intimidad y el instante más relajado, la hora de comer. Pero entonces ¿voy a hacer un artículo a partir de otro que ya existe? Pues sí, tampoco puedo estar todo el día pensando nuevas ideas, que yo también imparto una clase de yoga entre semana.


Nacemos queriendo ser astronautas y salimos siendo funcionarios

Si algo deberían hacernos pensar las reflexiones de Jeremy Baka, la hija de Punset o Mikel Urmeneta que aparecen en este documento es en que tenemos un brote acojonante de ideas floreciendo a nuestro alrededor, y que campos en principio enfrentados como pueden ser las artes y la ingeniería realmente deberían estar dándose la mano constantemente, porque ser creativo no es otra cosa que reformular una serie de ideas, asociar dos conceptos que hasta entonces no tenían ninguna relación. Todos nos podemos sentir identificados cuando alguien cuenta como muchas veces el miedo, ese perturbador mecanismo de defensa, ha sepultado un montón de ideas que realmente podrían haber salido bien.  

En esta sociedad no se premia el valor del esfuerzo, la innovación o la creatividad. No seré yo el conspiranoico, pero parece que hay ciertos grupos de poder que solo buscan mantener sus intereses, para los que cualquier signo de progreso que no esté encaminado a ese objetivo debe ser eliminado. Solo así explicamos que nuestras mentes estén amoldadas de tal forma que la corriente de opinión predominante en la vida no es que todo sea mejor cada día. Realmente casi todos tenemos en nuestro interior muchas ideas que podríamos sacar si viviésemos en un ambiente constructivo y estimulante. 

Afirmaba el escritor Alvin Toffler que nuestros sistema educativo es perfecto para la sociedad industrial de principios de siglo. Las aulas tienen un timbre que marca la hora de entrada y salida porque así ocurría en las fábricas de la primera revolución industrial, y no con los pastores en el campo, donde el horario es más flexible. Pero ahora vivimos en la sociedad de la información, donde ya no importa tanto saber de memoria cual es la capital de Australia o como funciona determinada máquina y si como manejar la inmensa cantidad de datos que las TIC ponen a nuestra disposición. Pues bien, nuestra educación sigue anclada en un sistema memorístico, funcionarial y casi esclavista que en lugar de formar más bien deforma.


Muchas veces los padres intentan buscar soluciones al cada vez más elevado índice de fracaso escolar sin darse cuenta de que quizás el problema no esté en los críos. La creatividad está asociada al lado derecho del cerebro. Allí están los sentimientos o las intuiciones, y es el espacio para asignaturas como arte, música o educación física. En los colegios siempre se ha primado el lado izquierdo (que también es importante, no lo niego); que controla la lógica, el lenguaje y las matemáticas. Eso trae consecuencias como las que comentaba el pedagogo Richard Hughet, que los chicos entran en las escuelas queriendo ser astronautas y salen buscando ser funcionarios. Nuestras capacidades se atrofian. Decía Einstein que los niños tienen un pensamiento divergente, algo que yo echo de menos en mucha gente bajo la capacidad de no decir cosas típicas. Si algo es una obviedad que ya se ha expresado mil veces, no dediques un minuto a repetirla por mucho que sea cierta. Investiga, innova, sorprende...

Este pensamiento divergente lo perdemos con los años. Cuando eres pequeño no ves las cosas solo como te las cuentan, sino como podrían llegar a ser. Los grandes genios de la historia siempre han sabido ver el detalle en donde los demás no encontraban nada. No digo que todo  tenga que ser un juego, pues aunque suene pedante es necesario inculcar los valores del esfuerzo y la disciplina, pero la educación es la que  debe despertar en el alumno la curiosidad y las ganas de aprender para que no pierdan esa divergencia ni la sana curiosidad. Los niños deberían ir a clase y sentirse a gusto, ver que lo que hacen es útil y les anima a hacer cosas en el futuro. Esto obviamente no pasa, y lo peor es que muchos profesores no  le dan importancia a que tenga que ocurrir.  

Llevado al campo audiovisual, podemos verlo muy claro. Casi todos los contenidos que se emiten en televisión están creados para idiotizar al espectador. Lo que debería ser un lugar para que se llevase a cabo ese hermoso ritual que es la transmisión de emociones entre un autor y un público queda totalmente anulada cuando ambos dejan de existir porque es otra persona la que decide por ellos. Pero ¿y si fuese más sencillo que esto? ¿Yi si mirando hacia nosotros mismos cada uno pudiéramos, ya no salir de la crisis o ser un nuevo Steve Jobs, pero sí aportar algo pequeño y nuevo al mundo? Demasiado raro, mejor será que lo olvidemos.

Archivo fotográfico ⎪ gurusblog.com,  apuntesdesalud.com,  abc.es

1 comentario:

  1. Ya puestos a hablar de creatividad, a ver si somos un poco más creativos y nos olvidamos de los funcionarios cada vez que queremos menoscabar el trabajo de alguien. Por cierto, los astronautas trabajan para agencias estatales, luego de algún modo también son funcionarios.

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