miércoles, 16 de octubre de 2013

Gracias a Los Simpson ya hemos visto series que no conocíamos



Estamos tan acostumbrados a aplaudir el complejo entramado de referencias socioculturales subterráneas que podemos encontrar en Community, Spaced o South Park que a veces se nos olvida que uno de los espacios más populares y consumidos de la historia es también un retrato inmensamente complejo y con millones de ramificaciones de un lugar y un momento histórico sintomáticos de este nuevo siglo. La américa de los años 90 no sería lo mismo sin el variopinto escaparate de situaciones que durante sus nueve primeras temporadas convirtió a Los Simpson en una serie incombustible. La familia amarilla forma parte de la cultura popular, pero se ha pasado toda su existencia alimentándose de esta para crear su principal seña de identidad.

Si tuviésemos que enumerar todas las películas, libros, series de televisión, acontecimientos históricos o personalidades relevantes que han aparecido de una forma más o menos explícita en la obra de Matt Groening no acabaríamos ni en dos años. Por eso es normal que después de visionar más de veinte veces todos los episodios clásicos hayamos asimilado muchas de sus parodias antes de conocer la obra original, siendo más adelante cuando descubrimos de donde procede. Luego todos tenemos al típico amigo que cree que son las películas las que copian a Los Simpson. El mismo que podría también preguntarte si en el cine los actores tienen sexo de verdad. El clásico colega tonto del que no nos podemos librar. 

Algo parecido me ha ocurrido al investigar sobre El Prisionero (The Prisoner), un clásico británico de 17 capítulos emitidos entre 1967 y 1969 al que personalmente le tengo muchas ganas y cuya influencia en obras posteriores ha sido decisiva en comparación con la relevancia que tuvo su primera emisión, plagada de leyendas y reversos oscuros que la hacen aún más atractiva a día de hoy. En ella un desertor agente del gobierno es secuestrado y hecho prisionero en una isla en la que sus captores intentarán averiguar el motivo de su renuncia. Allí le será asignada la identidad del Número 6 (célebre es su frase "No soy un número, ¡soy un hombre libre!") y comenzará su enemistad con el rotatorio y misterioso Número 2, al que interpretan distintos actores en cada una de sus apariciones como si de una especie de macabro juego lynchiano se tratase.  

Al leer sobre esta serie experimenté una especie de Déjà vu. El agente es intoxicado con un gas en su casa despertándose más tarde en la famosa isla. Para intentar retener a los habitantes que intentaban escapar se usaba una bola gigante conocida como el Rover, la cual los mataba o inmovilizaba en el acto. Efectivamente, esto me suena mucho.... de Los Simpson. Todos recordamos aquel maravilloso capítulo en el que Homer asume la identidad de un tal "Sr. X" para revelar en su nueva página web algunos secretos de los habitantes de Springfield y acaba retenido en "La isla", siendo reemplazado en casa por un doble de acento alemán.  
    

El capítulo en cuestión es el sexto de la duodécima temporada, The Computer Whore Menace Shoes (El ordenador que acabó con Homer) y desde su concepción está planteado como una parodia de El Prisionero. Hasta su protagonista Patrick McGoohan aparece como actor de voz invitado interpretando al Número 6. Una de sus líneas dice entre otras cosas que lleva 33 años intentando escapar de la isla, que es justo el tiempo transcurrido entre el final de la serie y la emisión de este capítulo. Cuando este le pregunta a Homer cual es su número él responde "no soy un número, soy un hombre..." y tras comprobar la chapa de su chaqueta rectifica "ah, espera, soy el número 5". Además, su intento de escapar en una balsa intenta ser boicoteado por un Rover que Homer destruye fácilmente pinchándolo con un tenedor.   

Pero los guiños pop no acaban aquí: la historia sobre las vacunas de la gripe es una referencia al episodio de The X-Files Red Museum y la instrucción que Homer da al ratón de la computadora "Mata a Flanders" supone una parodia de Star Trek IV: Voyage Home. Son solo unos cuantos ejemplos que revelan a Los Simpson no solo como un insuperable éxito de masas del mainstream contemporáneo, sino como una icónica galería de las distinas formas mediante las cuales las creaciones culturales producidas por nuestro intelecto definen nuestra especie, todo ello siempre aderezado  con un humor no exento de altas cotas de neurosis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario