sábado, 19 de mayo de 2012

Bienvenidos a esta fiesta



" Para ti soy ateo. Para Dios, soy la oposición."  Woody Allen

Como lanzar por primera vez esa supuesta cascada de intensas experiencias que todo lector pululante por internet desea (y exige, extorsiona o amenaza como si el que escribe tuviese  la obligación de colmar las expectativas de ese público que pese a no retribuir nada al escritor por su actividad se cree con derecho a recriminarle que no haya cumplido con lo que de él espera) encontrar aquí. Me asombra a mí mismo que con solo cinco líneas se pueden extraer dos conclusiones: que sólo se necesitan tres palabrejas tiradas de RAE para convertir un texto normal en algo como de Juan Manuel de Prada y que un paréntesis de cuatro líneas es la mejor criba con la que el 90% de ese público que había empezado a leerte abandonará para siempre en la tercera frase. El público… esa masa torpe, lenta y a veces caricaturesca adolece de un mal común a cualquier grupo mínimamente extenso: por separado puedes encontrar un individuo inteligente, incluso brillante, pero juntos no son más que una casta idiota y bobalicona, simple  parodia de sí mismos, cuya opinión propia brilla por su ausencia y con una profundidad analítica inferior a la que podría tener en su mejor año un paramecio. La televisión es eso. Directivos, analistas, economistas, productores y demás asesinos del arte cuyo destino más inmediato espero sea el infierno en vida se esfuerzan por encontrar algo que guste al público cuando lo cierto es que este nunca ha tenido un gusto decente, de hecho ni siquiera ha  querido tener gusto.


El público sólo busca la crítica más visceral, arremeter contra algo sea lo que sea, para llenar su rutinaria entrada en el vacío en la que se ven incapaces de hacer nada por sí mismos. La gente no tiene elevadas aspiraciones, no intenta ser mejor cada día ni que lo sean sus convecinos, por favor, vosotros mismos no anheláis que todo a vuestro alrededor sea un poco más grandioso cada día. Ese hambre porque todo llegue a ser sublime, miraos a la cara, no existe. A veces pienso que la gente da asco. El resto del tiempo lo sé a ciencia cierta. También creo que probablemente sería más feliz dentro de ese asco, porque sólo inmerso en él es uno incapaz de reconocerlo. Ahora diréis que el que habla es el típico nihilista antisocial desencantado de la vida, que no ha follado en su vida y que descarga toda su frustración contra los que presumiblemente os considerais felices, escribiendo circunloquios enrevesados para creerse ilusoriamente mejor que los demás, el gañán prototípico que se va de profundo pero cuyo único logro será encandilar con su prosa a la modernilla indie de turno a la que, ataviada con sus gafas de pasta, su carpeta de Muse y su camiseta de Vetusta Morla o Love of Lesbian espera follarse en los baños de un Starbucks a plena luz del día. No os falta razón en eso, lo admito, pero tampoco escasea en lo que digo.

Quería hacer una defensa de la televisión pero lo cierto es que esta es asquerosa. Pero por favor, no os engañéis, la tele no es ni más ni menos asquerosa que el resto del planeta en general. Antes de criticar lo horrible que es un programa miraos a vosotros mismos y cercioraros de lo horribles que sois vosotros también. Mis palabras, por anodinas e irracionales, se pierden en su propio eco y sólo puedo decir que, pese a no encontrar un motivo de peso, esto sigue adelante, quizás sólo para saber a dónde nos lleva. Lo importante no es el camino (otra puta mentira neofilosófica) sino el destino. Bienvenidos a todos. Bienvenidos a esta fiesta. 




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