Cuando se acerca el día de Todos los Santos habidos y por haber, debemos recordar la festividad pagana de origen celta del Samhain, la cual dominó Europa hasta su conversión al cristianismo. Pero resulta que como los neo-paganos y druidistas a los que tengo el gusto de conocer son una minoría, ese invento tan traicionero como manipulador que es la televisión nos dice a los demás que es Halloween, y nos lo tenemos que creer. Hay una series de leyes no escritas que ninguno se plantea quien las puso ahí ni por que razones tenemos que cumplirlas, pero nadie se queja de ellas y todos las siguen de manera literal. Así la noche del 31 de Diciembre los niños tienen que disfrazarse, tocar los huevos llamando a la puerta de posibles pedófilos y en la tele hay que poner pelis que supuestamente dan miedo. Tranquilos, a nadie se le ocurre contar junto a la chimenea un relato de Lovecraft o Edgar Allan Poe. No queremos un tritón, un cíclope o al Ctulhu. Mejor zombis, zombis y más zombis. Hablemos pues de dos curiosas propuestas que han visto la luz estos días.
