¿Quien quiere casarse con mi hijo? es lo mejor que se ha hecho nunca en televisión. Esa era la cancioncilla general que se respiraba entre quienes habían visto la primera edición del reality, y la que me dejaron esas ráfagas con las que empezaba el programa de este jueves y que pronto se desvaneció ante una edición que se quedaba en menos de lo que prometía, pero que aún sigue manteniendo la capacidad de soprender. Los hijos tróspidos han vuelto, nos han contagiado, y mira tú por donde, ya no podemos vivir sin ellos.
