En la tele existe una cierta predilección por el mal gusto. Todo lo relacionado con la imagen y el criterio estético de las personas tiene mucho que ver con la educación y la sensibilidad audiovisual de cada generación. Un gran ejemplo está en las versiones turcas de grandes superproducciones de Hollywood. El público de Oriente Próximo, al no tener acceso a las películas originales, creía que lo que les ponían en las pantallas era de una calidad aceptable, cuando para todos nosotros hace un gran daño a la vista. Aunque no se piense demasiado, aquí estamos acostumbrados a unas realizaciones cutres y claustrofóbicas, por lo que solo podemos sorprendernos cuando (de la mano de Canal+, por supuesto) nos llega una propuesta tan sencilla pero a la vez tan trabajada en todos sus aspectos.
